La Rioja cerró 2025 con una tasa de 36,7 infracciones penales por cada mil habitantes, un dato que prácticamente calca el registro de 2024 y que vuelve a situar a la comunidad por debajo de la media nacional, según el Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior difundido por la Delegación del Gobierno.
La lectura rápida invita al alivio, porque el indicador general apenas se mueve. La lectura completa, sin embargo, cuenta una historia más interesante, la delincuencia tradicional baja, mientras que la que se comete desde una pantalla sigue creciendo con fuerza. En el balance, la criminalidad convencional retrocede y, en cambio, la cibercriminalidad aumenta de forma notable, un empujón que acaba pesando en el total.
En la calle, los datos apuntan a una evolución a la baja en varios delitos que suelen generar mayor sensación de inseguridad, como los robos con violencia o los robos con fuerza. En internet, el protagonismo lo tienen las estafas informáticas, que concentran gran parte de los delitos digitales registrados.
El resultado es un equilibrio curioso, La Rioja mantiene su perfil de comunidad segura en el conjunto del país, pero el foco se desplaza. Menos ruido en lo cotidiano y más trabajo en lo invisible, prevención, denuncia y educación digital para que la seguridad no dependa solo de patrullas, sino también de contraseñas, cautela y sentido común.
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