El Domingo de resurección ha arrancado en Igea con ese silencio especial que solo se rompe cuando el pueblo se reúne para algo que siente suyo. Calles conocidas, balcones atentos, pasos que suenan distinto. ¿Quién no ha sentido alguna vez ese cosquilleo al ver salir una imagen entre aplausos y miradas emocionadas?