El caracol es un molusco muy abundante por aquí. Posee un cuerpo blando y una concha dura. En la cabeza tiene la boca y dos pares de tentáculos que llamamos cuernos. En los más largos tienen los ojos y en los cortos el tacto.
Son hermafroditas, es decir que todos los caracoles son a la vez machos y hembras y así todos ponen cantidad de huevos. Éstos los colocan en un agujerito en el suelo fresco y de ellos saldrán los nuevos caracolillos.
Si el tiempo es seco se aletargan al amparo de brozas y paredes o huecos. Cuando llueve o en las húmedas mañanas de primavera y verano aprovechan para pacer y comer. Se calcula que un caracol viene a consumir diriamente el doble de su peso en verdura.
Con la llegada del otoño se aletargan en huecos secos y segregan una tapa llamada opérculo para aislarse del tiempo invernal. Ahí permanecerán hasta la llegada de la próxima primavera.
Si las condiciones climatológicas le son favorables se reproducen con gran rapidez. Por eso hay un refrán por esta zxona que dice: El caracol, el pez y el piojo, a los quince días viejos.
Por aquí tenemos el caracol común, la caracola parda y la caracola rayada o cabrilla. Un pariente cercano es la babosa o limaco.
Antiguamente eran una plaga para la agricultura y no se les podía combatir. Por fortuna un alemán se olvidó una pastilla de encender fuego rápido en el camping y al otro día observó que a su alrededor había muchos caracoles muertos. Estas pastillas blancas se popularizaron por toda Europa rápidamente. Hoy hay otros productos para controlarlos. Su carne es muy estimada y se le considera el marisco de los pobres.