La Rioja recoge menos aceituna, pero el aceite aguanta el tipo

Un millón de kilos menos de aceituna en La Rioja
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La última campaña de Aceite de La Rioja con denominación de origen deja una foto con dos lecturas. En el campo, la báscula marca bastante menos aceituna que hace un año. En la almazara, sin embargo, el resultado final se parece mucho más a la cosecha anterior de lo que cabría esperar.

El dato que más llama la atención es la caída del volumen recolectado. La campaña se ha cerrado con 2,8 millones de kilos de aceituna frente a los 3,7 millones del año pasado, casi 900.000 kilos menos, lo que equivale a un descenso del 24 por ciento. 


Un millón de kilos menos en la báscula

En términos prácticos, esa merma se nota en muchas cosas. Menos remolques entrando, menos jornadas de vareo y, sobre todo, la sensación de que el olivo ha ido a tirones durante el año. Aun así, la campaña no se resume solo en cantidad, porque el aceite no depende únicamente de cuánta aceituna se recoge, sino de cuánta grasa trae dentro.

Y ahí está la sorpresa positiva. Con un rendimiento graso medio del 19,8 por ciento, la producción se ha situado en 605.000 litros, apenas un 2,5 por ciento menos que la campaña anterior, cuando se alcanzaron 620.000 litros con un rendimiento del 15 por ciento.


El rendimiento graso, el giro que cambia el guion

Este año la aceituna ha venido, de media, más eficiente para hacer aceite. Por eso, aunque el olivar riojano haya entregado menos kilos, el contador de litros casi no se ha desplomado. Este matiz es clave para entender por qué se habla de merma importante en cosecha y, a la vez, de una producción de aceite bastante sostenida. 


Aceite


Un año de meteorología caprichosa

El clima ha marcado la campaña con un patrón incómodo. Exceso de lluvias en el primer semestre y después un verano y otoño secos, con momentos poco favorables en fases decisivas como el cuajado del fruto, lo que ayuda a explicar que haya menos aceituna en el conjunto final. 

En el contexto nacional, además, varias organizaciones vienen advirtiendo de cómo los temporales y las lluvias pueden complicar la recolección y ajustar las previsiones en zonas clave, algo que ayuda a poner en perspectiva lo que pasa también en territorios más pequeños. 


Calidad, el orgullo que no se negocia

Donde el sector riojano saca pecho es en la calidad. El balance subraya la buena sanidad del fruto, sin plagas ni enfermedades destacables, y aceites que están logrando altas puntuaciones en cata. Y eso, en un producto con sello de origen, es casi media campaña ganada. 

La DOP se apoya en una base pequeña en comparación con grandes zonas olivareras, pero muy especializada, con producción anual habitual en el entorno de medio millón largo de litros. Además, la denominación reúne en torno a 1.300 hectáreas, unos 600 olivicultores y 14 almazaras, una estructura pensada más para diferenciarse que para competir por volumen.  Menos kilos, sí. Pero un aceite que sale al mercado con números estables y, sobre todo, con el argumento más difícil de copiar, identidad y calidad de aquí. 


Olivas


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