Las grandes masas forestales no son precisamente abundantes en la Rioja Baja debido a la gran presión agro-ganadera ejercida sobre el terreno a lo largo de los siglos precedentes. En la comarca de Cervera de Río Alhama los bosques bien conservados son por ello excepcionales. Los más importantes se encuentran en la sierra de Yerga, Carrascal de Villarroya, Vallaroso y Carnanzún. La carrasca es el árbol más representativo de los pequeños bosques de la Rioja Oriental por ser la especie mejor adaptada al clima mediterráneo, que como muy bien sabemos, se caracteriza por tener periodos extraordinariamente secos; en muchos casos aparece mezclada con pinos de repoblación plantados en los años 50 del siglo XX . Son sobresalientes y singulares ejemplares como la encina de Villarroya, con 400 años de vida, y la encina del Campillo, con decenas de años bajo su copa.
En estos bosques también hay ejemplares sueltos de Roble, que tienen una gran importancia ecológica por ser una especie característica de las zonas de transición entre el clima atlántico y el mediterráneo. El Roble Quejigo (Quercus faginea) es el más común en esta tierra. Sus hojas son lobuladas, grandes y “marcescentes” (se secan en el árbol pero no caen hasta que brotan las nuevas), lo que le permite resistir mejor la sequía estival. El fruto que da es la bellota. La madera de roble siempre ha sido robusta y muy apreciada para leña, para hacer muebles y mangos de herramientas. La importancia del roble para transmitir el fino buqué de los vinos de Rioja es por todos conocida, aunque en dicho, sector la elección por procedencia es el roble francés o el americano.
El marcado carácter mediterráneo de nuestro clima hace que el roble se desarrolle en la cara norte de nuestras sierras, en los suelos más húmedos y profundos, hasta los 1.500 metros de altitud. En condiciones normales, la vegetación arbórea en las sierras se organiza por pisos altitudinales, primero la encina, después el roble, más arriba el abedul y finalmente el haya, con los pinos adaptándose de abajo hacia arriba según su variedad. Muy cerca del Santuario del Villar, entre Igea y Cornago, hay una excepción a la norma general de estratificación de pisos botánicos mencionada. Se trata del pequeño bosquete de robles que forma una masa arbórea continua en el fondo del valle. Esto es lo que en botánica se llama inversión de vegetación o bosques al revés. Este fenómeno ocurre en este enclave con el roble, que debiera ocupar un piso superior a la encina, porque es el fondo de un valle, en la cara norte de la sierra y con suelos muy profundos. Ello provoca que se genere un microclima más sombrío, húmedo y frío que el de la misma ladera a una mayor altitud, propiciando este pequeño oasis bioclimático y científico.
El bosquete puede observarse desde el Santuario del Villar. La ubicación del lugar es la siguiente: