Olga devuelve la vida al Centro Social de Igea con cocina, familia y ganas de pueblo

Igea recupera un punto de encuentro tras meses de espera
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Olga y su hijo Unai en la barra del Centro Social.


Olga Ortega no llega al Centro Social de Igea como quien abre simplemente un bar. Llega como quien vuelve a casa. Natural del pueblo, hija de igeanos y con familia en la localidad, regresa tras casi dos décadas fuera con una mezcla de ilusión, responsabilidad y vértigo. “Yo quería volver a mi pueblo, eso lo tenía”, reconoce. La oportunidad apareció en un momento en el que veía a Igea necesitada de movimiento, con poca actividad y una población cada vez más envejecida. Por eso aceptó el reto. Para ella, hacerse cargo del Centro Social es también una forma de apostar por el pueblo. “Digamos que era un sueño cumplido”, explica. No lo dice como una frase hecha, sino como quien lleva tiempo dándole vueltas a una decisión importante.


Un espacio cerrado desde enero

El Centro Social llevaba sin actividad desde el 14 de enero. Su reapertura era esperada por muchos vecinos, especialmente por quienes lo recuerdan como un lugar de encuentro diario. Café, charla, partida, terraza y vida de pueblo.

Olga sabe que el local tiene historia. También sabe que no parte de cero. “El bar funcionó de maravilla”, comenta, aunque prefiere mirar hacia adelante y no entrar en polémicas sobre etapas anteriores.

Su objetivo es sencillo de decir y difícil de sostener en el día a día. Que la gente vuelva. Que entre. Que se quede. Que sienta que el Centro Social vuelve a ser suyo.


Familia detrás de la barra

El proyecto nace con una base familiar. Olga estará acompañada por su marido, su hijo, un amigo de su hijo y otros apoyos durante el arranque. Calcula que, en el día a día, el equipo estará formado por tres o cuatro personas.

La experiencia en hostelería también pesa. Su hijo trabaja en el sector desde joven y ella habla de la cocina con naturalidad, casi con entusiasmo doméstico. Le gusta preparar, improvisar y ofrecer algo más que lo justo.

La reapertura llega, además, en una fecha exigente. Las fiestas de mayo están a la vuelta de la esquina. “El comienzo va a ser fuerte”, admite. Y tanto. Abrir un Centro Social justo antes de fiestas no permite demasiados ensayos.


Menu csi


Un ambiente sano y familiar

Olga quiere que el Centro Social tenga un tono claro, sin nocturnidad como eje principal. Sí a los cafés, a las comidas, al pinchoteo, a las cenas y a una vida más diurna, más de pueblo, más intergeneracional. “Un ambiente sano, familiar, y el que venga bien recibido”, resume.

También quiere que vuelvan los jubilados. El nombre del lugar lo recuerda. Es el Centro Social de Igea y debe funcionar como tal. Un punto común, no solo un negocio. Un sitio al que puedan ir mayores, familias, niños, gente de paso y vecinos de siempre.

El local ayuda. Según dice, está en una de las mejores zonas del pueblo, con terraza amplia, rampa accesible, espacio seguro para niños, cercanía al gimnasio y aparcamiento fácil en la plaza. También piensa en ciclistas y visitantes, que pueden parar sin complicarse.


Cocina diaria y algo de chispa

La nueva etapa no quiere quedarse en abrir la puerta y servir cafés. Olga habla de tapas, bocadillos, tortilla de patata, empanadas, montaditos y platos caseros. Quiere que haya oferta diaria y que la cocina se use de verdad. “Si yo voy a un bar y no veo nada en la barra, me voy a otro sitio”, dice con franqueza.

Esa frase explica bastante bien su idea. En una tierra de buen comer, el Centro Social debe ofrecer algo más. Algo sencillo, pero cuidado. Algo que invite a pedir otra ronda, a compartir mesa, a volver mañana.

Entre sus ideas aparecen elaboraciones como torrijas, tapas improvisadas e incluso pollos a l'ast (asados) y lo que tenga a mano. No busca grandes discursos gastronómicos. Busca que la gente coma bien y se sienta atendida.


El primer café llegó antes de tiempo

Aunque la apertura oficial ha sido hoy, la actividad empezó casi sin querer. La noche anterior se coló algún vecino “de estranjis”, como cuentan entre risas, y pidieron café. El local ya estaba colocado y Olga no vio motivo para decir que no. Les sirvieron, claro.

Ese pequeño gesto dice mucho del tono con el que arranca esta etapa. Predisposición, cercanía y ganas de atender. En los pueblos, a veces, la confianza empieza así. Con una persiana medio levantada y un café antes de tiempo.


Un reto para mover el pueblo

La reapertura del Centro Social no resolverá por sí sola los problemas de un municipio pequeño. Olga lo sabe. Pero también sabe que un bar abierto cambia cosas. Da conversación. Da rutina. Da compañía. Da excusas para salir de casa.

Su apuesta es humilde, pero importante. Recuperar un espacio que estaba parado y devolverle movimiento. Sin grandes promesas. Con trabajo diario, cocina, familia y una idea muy clara de pertenencia.


Igea vuelve a tener abierto su Centro Social. Y al frente hay una mujer que no solo quiere servir cafés. Quiere volver a formar parte del pueblo y ayudar a que el pueblo se encuentre de nuevo.


Pollos


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