El próximo 17 de mayo, Igea celebrará una nueva edición del Día de la Tostada, una cita ya consolidada en su calendario que tendrá lugar a partir de las 11 de la mañana en el trujal local. Organizado por la Cooperativa Frutera San Isidro Labrador, el evento reúne cada año a vecinos y visitantes para degustar tostadas elaboradas con aceite de oliva virgen extra de la zona, en un ambiente festivo que pone en valor la tradición olivarera del municipio y el cierre de la campaña agrícola.
Una tradición que sabe a casa
En Igea, hablar de aceite es hablar de identidad. No es casualidad. Durante décadas, el cultivo del olivo ha sido uno de los pilares económicos del municipio, con miles de árboles repartidos por su término y una cultura ligada al campo que sigue muy presente hoy en día.
El Día de la Tostada nació precisamente de ahí, de la necesidad de celebrar el trabajo de todo un año. Lo que empezó como una sencilla degustación se ha convertido en un punto de encuentro que trasciende lo gastronómico. Aquí no solo se viene a comer. Se viene a compartir.
El ritual de la tostada
La escena se repite cada año. Desde media mañana, el trujal comienza a llenarse de gente. Familias enteras, vecinos de toda la vida y curiosos que llegan de fuera. El aroma del pan recién tostado se mezcla con el del aceite nuevo.
Las tostadas se preparan al momento, con ingredientes tan simples como eficaces. Pan, aceite de oliva virgen extra y, para quien quiera, un toque de ajo, sal o incluso azúcar. En ediciones anteriores se han llegado a repartir más de mil raciones, una cifra que da idea del tirón de la jornada.
Y luego está lo importante, lo que no se mide en números. Las conversaciones, los reencuentros, esa sensación de estar en casa aunque hayas venido de fuera.
Más que una fiesta gastronómica
Aunque el protagonismo lo tiene el aceite, el Día de la Tostada cumple una función más amplia. Sirve para reivindicar el trabajo de agricultores y cooperativistas, quienes mantienen viva una tradición que ha pasado de generación en generación.
También actúa como escaparate. Cada año, la cita atrae a visitantes que descubren no solo el producto, sino también el pueblo. En una zona rural que lucha por mantener población y actividad, este tipo de eventos tienen un valor añadido.
No hace falta mucho más. Una tostada, un buen chorro de aceite y tiempo para charlar. A veces, lo sencillo es lo que mejor funciona.