La Rioja ha amanecido hoy con dos decisiones importantes sobre la mesa y ambas apuntan en la misma dirección. Reducir tensiones en el sector del vino y tratar de equilibrar un mercado que lleva tiempo acumulando incertidumbre. Por un lado, el Boletín Oficial de La Rioja ha publicado el listado provisional de parcelas que podrán acogerse a la llamada cosecha en verde de 2026. Por otro, la DOCa Rioja ya ha dado luz verde a las normas que marcarán la próxima vendimia. Todo llega en un momento delicado para muchos viticultores, que miran las cuentas con más preocupación que entusiasmo.
Arrancar uva para salvar el equilibrio
La cosecha en verde consiste, explicado de forma sencilla, en eliminar los racimos antes de que maduren para evitar un exceso de producción. Puede sonar extraño destruir parte de la cosecha cuando el trabajo ya está hecho, pero el objetivo es impedir que el mercado se sature y los precios se hundan todavía más. Este año se han presentado más de seiscientas solicitudes en La Rioja para actuar sobre unas 1.600 hectáreas, aunque no todas han superado el primer filtro administrativo. Además, la nueva convocatoria premia especialmente a quienes estén dispuestos a arrancar viñedo de forma definitiva, una medida que ha generado bastante debate en el campo riojano.
Menos ayudas y más dudas entre los viticultores
El ambiente en muchos pueblos vitícolas no es precisamente optimista. Varias organizaciones agrarias llevan semanas avisando de que las ayudas son más bajas que el año pasado y de que muchos agricultores sienten que las cuentas ya no salen. Algunas primas rondarán entre 2.300 y 2.600 euros por hectárea, bastante menos que en campañas anteriores. Eso ha provocado que muchos productores se lo piensen dos veces antes de apuntarse. Aun así, detrás de cada solicitud suele haber una realidad incómoda. Bodegas con ventas más lentas, depósitos llenos y viticultores que prefieren perder parte de la cosecha antes que vender la uva a precios que consideran insuficientes.
Rioja prepara una vendimia bajo máxima vigilancia
Mientras tanto, el Consejo Regulador también mueve ficha para la campaña de vendimia de 2026. Las nuevas normas buscan controlar mejor los rendimientos y ajustar la producción a la situación real del mercado. En Rioja saben que una vendimia enorme puede convertirse en un problema si luego el vino no encuentra salida comercial. Por eso el mensaje que se transmite desde el sector mezcla prudencia y control. La paradoja es curiosa. Rioja viene de una añada 2025 considerada excelente en calidad, pero al mismo tiempo muchos agricultores aseguran que esa excelencia no se ha traducido en rentabilidad. Y ahí está el gran reto que sobrevuela todo el viñedo riojano. Conseguir que la calidad también se note en el bolsillo.