Hoy volvemos a aquellas bodas de la Igea del siglo XX, cuando casarse era casi una fiesta mayor para todo el pueblo. Novios con traje oscuro y nervios a flor de piel, novias con velo y sonrisa tímida, madrinas elegantes, niños correteando entre faldas y chaquetas… y la iglesia y las calles llenas hasta la bandera. Eran días de fotos posadas, de arroz volando por los aires, de coches adornados con lazos y de banquetes largos, de los de cantar, brindar y bailar hasta que el cuerpo aguantaba. Detrás de cada imagen, una historia de amor, de trabajo compartido, de casas levantadas a base de esfuerzo y cariño. Hoy, al ver estas escenas, parece que el tiempo se detiene un momento y nos recuerda que Igea también se escribió a base de “sí, quiero” y de muchos corazones latiendo al mismo ritmo.