La Asociación de Jubilados Obispo Minguella convirtió su convocatoria extraordinaria en algo más que una asamblea interna. Fue, en la práctica, una reunión de pueblo con alrededor de 50 personas, entre socios y vecinos, que acudieron a la sala del Centro Social con una idea repetida una y otra vez, el Centro Social de Igea (CSI) no es un lujo, es un servicio. Y, cuando se apaga, el municipio pierde algo que no cabe en un papel, rutina, compañía y dignidad cotidiana.
El telón de fondo es conocido por cualquiera que haya seguido las últimas semanas, concurso desierto, “pliego de máximos”, fechas al límite y una clausura que llegó con sensación de falta de explicación clara.
“Nos ha cerrado sin alternativa razonable”
La junta, con Toñín (Presidente de la Asociación) y Fran López, tesorero, tomando la palabra, planteó la queja principal sin rodeos, cierre y falta de comunicación. No solo al Ayuntamiento, también a la oposición, la sensación transmitida fue de abandono institucional y de decisiones que se hacen antes de contarse, especialmente cuando afectan a quienes más usan el centro.
En esa misma línea, la asociación vinculó el cierre con el fracaso de la licitación, que ya venía precedido por críticas al nivel de exigencias del pliego y por el episodio que dejó a vecinos esperando fuera cuando se comprobó que no había candidaturas.
La comida llega… pero no la mesa
El punto más sensible fue el comedor. Antes, el CSI ofrecía comida y, sobre todo, mesa compartida, menú, conversación, cartas, “¿qué vida?” y ese control mutuo silencioso que en los pueblos funciona como un pequeño salvavidas.
Tras el cierre, se activó el catering a domicilio gestionado desde Cervera, un modelo ya aplicado, según se explicó, en Aguilar del Río Alhama, Rincón de Olivedo y Cornago. La asamblea no discutió tanto la intención (que nadie se quede sin comer), como el resultado práctico, horarios inciertos de entrega, necesidad de recalentar, fregar y, sobre todo, pérdida de socialización.
El nudo legal. No se puede “coger la llave y abrir”
Aquí entró el elemento incómodo pero real, la legalidad. Tanto la representante de ATI (Ahora Toca Igea), Susana Martínez, como el alcalde Sergio Álvarez, insistieron en que el Centro Social no puede reabrirse ni adjudicarse “a voluntad”, hace falta procedimiento y licitación.
De hecho, el propio Ayuntamiento ya había defendido semanas atrás que la situación contractual venía arrastrándose y que era obligatorio encajarla en la Ley de Contratos del Sector Público. Y el pliego del expediente municipal remite explícitamente a la LCSP y al procedimiento de adjudicación.
Soluciones puente. Comer juntos “mientras tanto”
Con el CSI cerrado y la licitación por rehacer, la reunión se centró en el “mientras tanto” , la parte que más afecta a la vida diaria. Sobre la mesa quedaron dos caminos.
La idea práctica que ganó terreno fue sencilla, que decidan los usuarios reales (se habló de 10–15 personas) y que su decisión se convierta en un mandato claro para negociar la solución temporal. Por eso se fijó una cita, reunión el lunes 19 a las 18:30 en el Ayuntamiento para escoger opción y trasladarla formalmente.
Café, cartas y pensiones, el debate que nadie resuelve con un decreto
La discusión derivó inevitablemente al otro gran símbolo, los cafés. Porque no se trata solo de comer, sino de tener un lugar donde sentarse sin pedir perdón por ocupar una silla. Aquí apareció una verdad incómoda, el Ayuntamiento no puede imponer a un negocio precios o política comercial, aunque el objetivo social sea evidente.
Y, aun así, la asamblea dejó claro que el problema no es “el café” como producto, sino el espacio de encuentro, sin CSI, cada día pesa más largo.
Plazos, acta y una exigencia de fondo: transparencia útil
La asociación propuso marcar tiempos, una respuesta rápida del Ayuntamiento (se habló de tres días) y una licitación urgente para restablecer cuanto antes el servicio completo. El acuerdo final fue redactar un acta con propuestas y exigencias y registrarla para que no quede en conversación de pasillo.
En el fondo, la reunión dejó una fotografía nítida, la política local puede discutir culpables, pliegos y formas, pero la gente mayor está pidiendo algo más básico y más serio a la vez, que se les consulte, se les explique y se les atienda con un plan claro. Porque una fiambrera puede resolver el hambre. Lo que no resuelve es la soledad.