Un sábado de Carnaval, con el pueblo en modo fiesta, el Ayuntamiento publica un comunicado y el hilo se llena de la misma sensación que se repite en Igea cuando hay Pleno, preguntas claras, respuestas que no llegan.
Lo que se está diciendo en comentarios no es ruido, es gente intentando entender y cuidar lo común. Y eso merece un camino sencillo para convertirse en hechos.
Respuestas sin rodeos
El Pleno extraordinario del viernes no terminó cuando se cerró la sesión. Siguió en redes, donde a veces se discute mejor que en la sala y otras se discute peor, pero casi siempre se deja ver lo que de verdad preocupa. Al leer los mensajes que han acompañado los comunicados del Ayuntamiento y de ATI aparece un retrato bastante nítido del estado de ánimo del pueblo, mezcla de cansancio, ironía, enfado y una petición sencilla que se repite con distintos disfraces, expliquen, respondan, y háganlo sin rodeos.
Una parte de los comentarios pone el foco en la utilidad de la oposición y en si sus propuestas se escuchan o se archivan con un gesto. Y es que cuando la política local se convierte en un bucle, la gente deja de ir, deja de preguntar, y al final solo queda el rumor. En ese clima, cualquier frase que suene a invitación a reclamar se recibe como una puerta giratoria, entras, sales, y vuelves a empezar.
En el debate asoman dos ideas que chocan como los tambores de una charanga cuando se cruza con otra. Por un lado, la exigencia de transparencia y de explicaciones coherentes, con reproches directos a las formas y a la educación institucional. Por otro, la sensación de que todo se mezcla para no afrontar nada, como si las respuestas se repartieran en migas para que nadie pueda reconstruir la hogaza entera. Y cuando la gente percibe eso, sube el volumen, aparecen los emojis, llegan los insultos y se pierde lo más importante, el motivo inicial de la pregunta.
Igea tiene problemas de fondo
Entre tanta chispa también hay un comentario que funciona como freno de mano y como recordatorio de lo obvio. Igea tiene problemas de fondo que no caben en un cruce de publicaciones. Despoblación, vivienda vacía, falta de empleo, servicios cada vez más ajustados, infraestructuras, envejecimiento, y el cierre del Centro Social como símbolo de que lo cotidiano se puede romper de un día para otro. Ese mensaje pide bajar los decibelios y construir desde el diálogo, sin renunciar a fiscalizar, pero sin convertir al vecino en enemigo. Es una llamada incómoda porque obliga a todos, también a quienes están convencidos de tener razón.
¿Sirve de algo ir al Pleno si ya está decidido?
La lectura conjunta de los comentarios deja una conclusión sencilla y a la vez exigente. La confrontación puede ser necesaria para que el poder no se acomode, pero la confrontación sin reglas se come al pueblo que pretende defender. Y al revés también, pedir cordura no puede ser un paraguas para esquivar preguntas. Cordura es responder con datos, con plazos, con documentos accesibles y con respeto. Y si hay errores, reconocerlos pronto, porque lo que se tapa en pequeño se hace grande en redes.
¿Sirve de algo ir al Pleno si ya está decidido? Sirve si además de mirar, dejas constancia. La participación funciona mejor cuando hay preguntas concretas y seguimiento, no solo indignación.
El mejor giro conciliador no es pedir a la gente que se calle, sino facilitar que se entienda. Un Ayuntamiento que explica bien reduce ruido. Una oposición que pregunta con precisión mejora el control. Y un pueblo que exige sin deshumanizarse se cuida a sí mismo. En Igea, con lo que nos jugamos, esa combinación no es un ideal bonito, es pura supervivencia.
La próxima vez que un comunicado encienda el hilo, hagamos una prueba sencilla. Una duda, una pregunta concreta, un tema, y un seguimiento. Que tus dudas no se queden en comentarios. Que lleguen al Pleno, al registro, al acta y a la respuesta pública. Y que, por una vez, el debate deje algo útil cuando se apagan las pantallas.
Ricard Fadrique