El Azud de La Cabaña

Paseando con Pedro Sáez-Benito Abad
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El azud o presa de La Cabaña es el punto de destino al que llegaremos en esta ocasión descubriendo así uno más de los numerosos lugares recónditos del valle del Linares que, además, tiene una gran importancia económica, puesto que en ese punto se desvían los caudales de agua necesarios para encauzarlos a través de una tubería de 12 km hasta el pantano de la Hoya de Gimileo y proporcionar agua de riego a 373 hectáreas, antes y después de dicho embalse. Con las aguas sobrantes del invierno se llena este embalse que sirven para regar en verano los términos del Rescasal, Ranal y Olivedo. El agua de La Cabaña riega modernas explotaciones de frutales en sus primeros kilómetros, hasta la torre del Moro, además de viñedos, olivos, almendros, alfalfas…, tanto al comienzo del cauce como aguas abajo del pantano de Gimileo.


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Hasta hace solo unos 15 años, el agua del río se encaminaba hacia el inicio de la acequia de La Cabaña construyendo manualmente una presa de piedras y lodo que era destruida cada vez que había una pequeña avenida en el río Linares. El esfuerzo físico al hacer este trabajo era muy grande para los labradores propietarios de tierra en este y otros regadíos, y sobre todo, era frustrante porque muchas veces la fuerza de una nueva avenida daba al traste con todo el trabajo a los pocos días de haber reconstruido la presa.


Por fin, hacia el año 2010 se construyó un azud de hormigón armado de lado a lado del río solucionando definitivamente el problema y, lo más importante, proporcionando un caudal regular al regadío de La Cabaña, además de calidad de vida a los agricultores. En el lado de la toma de la acequia (margen derecha del río) si situó la compuerta de regulación de caudal, y una rampa quebrada que permite el paso de los peces de una lado al otro del azud, además de los equipos de filtrado correspondientes que evitan la obstrucción de la acequia.


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Para llegar a la presa tenemos tres posibilidades:

1.- Desde Igea por el camino de Torrecampillos.

2.- Desde Igea por las Navas.

3.- Desde Cornago por la ruinas del convento de Campolapuente.


Antes de elegir la ruta, tengamos en cuenta que la presa se encuentra a 6,5 km de Igea y 2,5 km de Cornago, para elegir una u otra alternativa según las fuerzas y posibilidades de cada persona.


1.- Desde Igea cogemos el camino de la huellas de la Era del Peladillo 

Parte al lado del nuevo frontón municipal. A la vez que caminamos disfrutamos del paisaje  de Ribera del río Linares al fondo del valle. En la margen izquierda sobresalen ante nosotros los montes de Palallana con el Chimino como vigía más alto; en las faldas de estos montes, antiguamente poblados de corrales y ganado pastando, sobresalen los bellos y centenarios olivos de Nistoso Somero formando un extenso bosquete creado por la mano del hombre; más abajo, el viejo regadío de Nistoso verdeguea gracias a la magia del agua que lleva la acequia de La Serna.

A la izquierda de nuestro camino, bancales de olivares trepan por las laderas del Cerro hasta el límite de cultivo, que lo marca como una raya la curva de nivel que ha trazado desde tiempos remotos la acequia de La Cabaña.


A unos dos km del pueblo están los restos de la antigua torre de Moro y poco más adelante la Era del Peladillo, lugar desde el que podemos acceder al gran yacimiento de huellas de dinosaurios. Seguimos nuestro camino “carretero” unos 700 metros más y nos asomaremos a “Peñanvista”, magnífico lugar desde donde ya se divisa el contorno medieval de Cornago y las estribaciones de Alcarama al fondo. En este lugar, el río forma un meandro espectacular y hay un precipicio bajo nuestros pies que da vértigo.

Desde ahí, también se puede ver el lugar que ocupaba el antiguo poblado del Castillejo.


Seguimos en dirección a Cornago atravesando plantaciones de manzanos hasta sobrepasar la desembocadura del Cañizal. Surgen ante nosotros pequeños bosquetes de encinas y pinos de repoblación que embellecen enormemente el lugar. Continuamos caminando hasta el final de las plantaciones de frutales de la margen derecha del río Linares, bajamos por una larga y pronunciada cuesta, escoltada a ambos lados por rebrotes de carrasca, hasta cruzarnos, ya muy cerca del lecho del río, con el cauce ahora entubado y enterrado de la acequia de La Cabaña.. Desde allí, caminaremos unos 500 metros sobre el lecho de la acequia hasta llegar a nuestro objetivo, el azud o presa de La Cabaña. Es conveniente llevar alguna tijera o elemento de corte para abrirse paso a causa de algún espino o bardal que invade el terreno. En tiempo seco o en estiaje se podría llegar al azud por el cascajo del río, pero con un caudal importante es imposible. El día que hice este sendero el caudal del río Linares era de 10 metros cúbicos por segundo.


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2.- Por las Navas

Podemos ir andando o en coche desde Igea hasta el final del camino de la Navas. Subimos hasta el cementerio, justo antes de la tapia, tomamos el camino que va a las Navas y a los Pontiguillos. Atravesamos las graveras de la antigua cantera y, en seguida, veremos los toros de raza avileña de Victor Navas pastando dentro de extensos campos vallados. En una pequeña ladera, a nuestra izquierda, podemos observar una plantación de encinas micorrizadas para obtención de trufa. Almendros y campos de cereales son los cultivos predominantes. Las solanas más áridas, desprovistas de vegetación y feas del término municipal de Igea están a nuestra derecha y escalan hasta el vértice geodésico del Cerro. Un claro ejemplo de lo que no se debe hacer con la naturaleza.

Después de las Navas mejora mucho la calidad del suelo, ya en el paraje de Los Pontiguillos, donde hay buenas almendreras. Una larga cuesta nos baja hasta el río Linares; a nuestra derecha hay plantaciones de manzanos, a la izquierda una granja. Enseguida nos cruzamos con el camino que sube de Igea por el río. Pronto nos topamos con la acequia de La Cabaña, desde cuyo lugar haremos lo descrito en la ruta n.º 1.


3.- Por Cornago

Dejar el coche después de cruzar el viejo puente de piedra sobre el Linares en dirección a Arnedo. Tomar el camino que hay a la derecha junto a una construcción y caminar hasta llegar a las ruinas del antiguo convento de Campolapuente, seguir hasta el barranco de Los Cayos, bajar paralelo a él hasta el río y veremos la magnífica obra del azud de La Cabaña.


El azud o presa de La Cabaña, además de otras muchas obras de regadío, es, en mi opinión, la mejor forma de ligar a la gente al territorio y evitar el abandono definitivo de las zonas rurales. Se han hecho muchas mejoras, pero sin duda alguna, la mejora de los regadíos debe ser continua, aunando fuerzas entre los agricultores y las autoridades.


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