En las Fiestas de la Juventud de Igea, la adrenalina suele correr a raudales, pero este segundo día de festejos lo que corrió —y con mucha fuerza— fue el agua del cielo. Los vecinos y visitantes se preparaban para disfrutar de la emoción de las reses bravas, pero la meteorología decidió que este sábado el protagonista no sería el capote, sino el chubasquero.
El segundo encierro de las fiestas pasará a la historia local por su brevedad, apenas cinco minutos de reloj. Un suspiro. Un abrir y cerrar de ojos. Las reses apenas tuvieron tiempo de completar dos recorridos por la emblemática Calle Mayor cuando la nube "se rompió" sobre el municipio riojano.
Ni pezuñas, ni zapatillas
La tormenta hizo su aparición estelar de forma repentina, transformando el asfalto en una pista de patinaje improvisada. En cuestión de segundos, la situación se volvió misión imposible para los animales, que, entre el ruido de los truenos y el suelo resbaladizo, perdieron el interés por las carreras y para los mozos, cuya pericia y valentía no son rivales para un firme donde las zapatillas no encuentran agarre.
Al mal tiempo, buena cara
Ante la intensidad del aguacero, y por pura seguridad tanto para los corredores como para el ganado, se decidió poner fin al festejo taurino de forma prematura. Aunque el encierro fue "express", el espíritu de la Juventud igeana no se mojó lo más mínimo.
Tras el repliegue de las reses, la fiesta simplemente se trasladó a cubierto. Porque en Igea se sabe que, si la lluvia no deja correr el encierro, siempre habrá un buen zurracapote, unos pinchos y una buena charanga para que la alegría siga fluyendo, ¡aunque sea por dentro de los bares!
La moraleja del día es que en las fiestas de Igea, más vale tener buen recorte... ¡y un paraguas a mano por si las moscas (o las nubes)!