Igea despidió este domingo las Fiestas de la Juventud 2026 con una mezcla de devoción y contratiempos. La bajada de la Virgen del Villar desde su ermita hasta la iglesia de la Asunción, marcada por una lluvia intermitente, y la posterior cancelación del último encierro por una tormenta más intensa, pusieron fin a unos días de celebración que, pese al agua, mantuvieron el pulso de vecinos y visitantes hasta el último momento.
Una bajada bajo paraguas
La mañana comenzó con uno de los actos más esperados, Misa en la ermita del Villar y por la tarde La imagen emprendió su camino hacia el casco urbano protegida para evitar que la lluvia empañara su imagen. No fue un aguacero, pero sí lo suficiente como para obligar a tomar precauciones.
El recorrido avanzó entre paraguas y miradas atentas al cielo. Al llegar a la plaza Pedro Mari Sanz, ya en Igea, la imagen fue descubierta. Fue un momento breve, pero significativo. De ahí, el trayecto continuó hasta la iglesia de la Asunción, donde la Virgen permanecerá hasta las próximas fiestas patronales de septiembre.
Música para resistir al cielo gris
Tras el acto religioso, la charanga Wesyké tomó el relevo. Su música, alegre y persistente, intentó mantener el ambiente festivo en una jornada que no lo ponía fácil. La intención era clara, preparar el terreno para el tercer y último encierro.
Durante unos minutos, parecía que el tiempo daría una tregua. La gente se agrupaba, algunos con optimismo, otros con cierta resignación. Nadie quería perderse el cierre.
Ocho minutos y final abrupto
Pero el cielo tenía otros planes. Si el encierro del día anterior apenas duró cinco minutos, el de este domingo logró estirarse hasta los ocho. Después, la tormenta cayó con fuerza.
La lluvia obligó a suspender el evento de forma definitiva. No hubo margen para esperar ni para reanudar. La decisión fue rápida y, en cierto modo, inevitable. Con ello, también se dio por concluidas las Fiestas de la Juventud 2026.
Un cierre pasado por agua, pero con espíritu intacto
El final no fue el que muchos esperaban, pero tampoco deslució del todo el conjunto. En Igea, como suele ocurrir en los pueblos con tradición festiva, el ánimo no depende solo del clima.
Queda el recuerdo de la bajada, de la música que resistió a la lluvia y de esos intentos por alargar la fiesta unos minutos más.Eso también forma parte de la historia de unas fiestas.