A veces lo más simple es lo más satisfactorio. Venían unos amigos a cenar y quería preparar algo casero, fácil y delicioso: solo aceite de oliva, sal y un toque de orégano.
Crujiente por fuera, suave y aireada por dentro, esta focaccia demuestra que pocos ingredientes pueden dar un resultado espectacular. El aceite de oliva aporta jugosidad y aroma, la sal realza el sabor y el orégano da un toque clásico y aromático.
La focaccia es un pan italiano tradicional con siglos de historia, muy apreciado por su sencillez y versatilidad. La combinación básica de harina, aceite y sal permite que el pan desarrolle un sabor limpio y una textura aireada, mientras que las hierbas como el orégano le dan un aroma que recuerda a la auténtica tradición mediterránea.
INGREDIENTES:
- 500 gr harina de fuerza
- 300 ml agua tibia
- 7 gr levadura seca de panadero
- 5 gr sal fina
- AOVE
*Para antes de hornear:
PREPARACIÓN:
- Mezclamos todos los ingredientes y amasamos hasta tener una masa homogénea, mejor con una amasadora y el gancho, durante 15 minutos.
- Hacemos una bola, metemos en un recipiente engrasado y cubrimos con un paño. Dejamos reposar en un sitio cálido hasta que doble su volumen.
- Cuando ya la tengamos, desgasificamos suavemente. Engrasamos con un poco de aceite el recipiente que vayamos a usar y volcamos la masa en él, la estiramos hundiendo los dedos y rellenando la totalidad de la superficie.
- Regamos con un hilo de aceite, cubrimos de nuevo con un paño y dejamos que vuelva a crecer.
- Precalentamos el horno a 220º.
- Antes de introducir en el horno, pincelamos con la mezcla de agua y sal, que aunque te parezca muy salada, es el toque que la hace especial.
- Volvemos a hundir los dedos dejándolos marcados, rociamos de nuevo con otro hilo de aceite y horneamos 25 minutos.

Humilde, sencilla y directa, pero con todo el sabor del pan recién hecho.